El aire cálido y ligero, al cruzar las montañas, asciende a la atmósfera superior y no vuelve a bajar al suelo; de esta y otras maneras, el viento cambia según el terreno.
La garganta y las mucosas nasales dañadas por el aire seco hacen que los virus del resfriado entren con más facilidad. Es importante protegerse bien del frío con calefactores y de la sequedad con humidificadores.