Experimentamos y comprendemos el mundo a través de señales que son captadas por los sentidos e interpretadas por el cerebro, y ambos procesos son propensos a distorsionarse.
Y de ahí solo hay un pequeñísimo paso hasta la percepción que se produce en ausencia de toda señal directa y a la que no queda más remedio que ponerle la etiqueta de «extrasensorial».
Esto significa que, sea cual sea la situación que percibamos, nuestra percepción no depende únicamente de las señales que en ese momento captan los cinco sentidos.