Las empresas suelen concebir a sus competidores dentro de un ámbito reducido del sector, y en muchos casos no comprenden con claridad quiénes son sus verdaderos rivales.
Un científico debía saber cómo hacer la pregunta correcta y formularla con tanta claridad que la respuesta fuera, en efecto, un sí o un no definitivo, no un «quizás».