En el lenguaje hablado no hacemos pausas entre las palabras, y sin embargo somos capaces de distinguirlas con claridad, como si oyéramos palabras separadas; es un hecho bastante sorprendente.
Sin embargo, cuando escuchamos una lengua extranjera desconocida, perdemos la capacidad de distinguir las diferentes palabras y percibimos el habla como una sucesión de sonidos casi sin pausas.