Mi hermano murió repentinamente dos años atrás. Desde entonces, mi cuñada por sí sola a mantenido valerosamente la pequeña joyería que mi hermano dejó atrás.
Es una tarea en la que, sin ir más lejos, alguien como el propio autor, que no confía demasiado en su paciencia, tiraría la toalla al cabo de dos o tres horas.