Por entonces, las bicicletas empezaban a ponerse de moda y muchos principiantes poco hábiles atropellaban a la gente y rompían sus setos al chocar contra ellos por aquí y por allá.
Desde que llegué aquí no había pensado ni una sola vez en meterme en el mar, pero en ese momento, no sé por qué, me entraron ganas de quitarme la ropa.