Las empresas japonesas han establecido fábricas en todos los continentes, y los bancos japoneses ayudan a financiar muchos de los principales programas económicos del mundo.
Tomando como referencia a Europa, Japón debe abordar de cara al siglo XXI las políticas para una sociedad de superenvejecimiento, pasando de ser una "potencia económica" a una "potencia del bienestar".